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Apocalipsis NOW. Umberto Eco. Semiótico, El. “¡El mileniarismo va a shegarrrr!”

La obsesión laica por un nuevo Apocalipsis

Umberto Eco

Querido Carlo María Martini*:

* Arzobispo de Milán

Confío en que no me considere irrespetuoso si me dirijo a usted llamándole por su nombre y apellidos, y sin referencia a los hábitos que viste. Entiéndalo como un acto de homenaje y de prudencia. De homenaje, porque siempre me ha llamado la atención el modo en el que los franceses, cuando entrevistan a un escritor, a un artista o a una personalidad política, evitan usar apelativos reductivos, como profesor, eminencia o ministro, a diferencia de lo que hacemos en Italia. Hay personas cuyo capital intelectual les viene dado por el nombre con el que firman las propias ideas. De este modo, cuando los franceses se dirigen a alguien cuyo mayor título es el propio nombre, lo hacen así: «Dites-moi-, Jacques Ma-ritain», «dites-moi, Claude Lévi-Strauss». Es el reconocimiento de una autoridad que seguiría siendo tal aunque el sujeto no hubiera llegado a embajador o a académico de Francia. SÍ yo tupiera que dirigirme a San Agustín (y confío en que tampoco esta vez me considere irreverente por exceso) no le llamaría «Señor obispo de Hipona» (porque otros después de él han sido obispos de esa ciudad), sino «Agustín de Tagasta».

Acto de prudencia, he dicho además. Efectivamente, podría resultar embarazoso lo que esta revista ha requerido a ambos, es decir un intercambio de opiniones entre un laico y un cardenal. Podría parecer como si el laico quisiera conducir al cardenal a expresar sus opiniones en cuanto a príncipe de la Iglesia y pastor de almas, lo que supondría una cierta violencia, tanto para quien es interpelado como para quien escucha. Es mejor que el diálogo se presente como lo que es en la intención de la revista que nos ha convocado: un intercambio de reflexiones entre hombres libres. Por otra parte, al dirigirme a usted de esta forma, pretendo subrayar el hecho de su consideración como maestro de vida intelectual y moral incluso por parte de aquellos lectores que no se sienten vinculados a otro magisterio que no sea el de la recta razón.

Superados los problemas de etiqueta, nos quedan los de ética, porque considero que es principalmente de éstos de los que debería ocuparse cualquier clase de diálogo que pretenda hallar algunos puntos comunes entre el mundo católico y el laico (por eso no me parecería realista abrir en estas páginas un debate sobre el Filioque). Pero a este respecto, habiéndome tocado realizar el primer movimiento (que resulta siempre el más embarazoso), tampoco me parece que debamos adentrarnos en una cuestión de rabiosa actualidad, sobre la que quizá surgirían de inmediato posiciones excesivamente divergentes. Lo mejor, pues, es alzar la mirada y plantear un argumento de discusión que, aun siendo en efecto de actualidad, hunde sus raíces lo suficientemente lejos y ha sido causa de fascinación, temor y esperanza para todos los componentes de la familia humana en el curso de los dos últimos milenios.

Acabo de pronunciar la palabra clave. En efecto, nos estamos acercando al final del segundo milenio, y espero que sea todavía «políticamente correcto», en Europa, contar los años que cuentan partiendo de un evento que tan profundamente —y estarán de acuerdo incluso los fieles de cualquier otra religión o de ninguna— ha influido en la historia de nuestro planeta. La cercanía de esta fecha no puede dejar de evocar una imagen que ha dominado el pensamiento durante veinte siglos: el Apocalipsis.

La vulgata histórica nos dice que en los años finales del primer milenio se vivió obsesionado por la idea del fin de los tiempos. Es verdad que hace mucho que los historiadores descartaron como legendarios los tan cacareados «terrores del Año Mil», la visión de multitudes gimoteantes aguardando un alba que no habría de llegar, pero al mismo tiempo establecieron que la idea del final había precedido en algunos siglos a aquel día fatal y, lo que es aún más curioso, que lo había sobrevivido. De ahí tomaron forma los varios milenarismos del segundo milenio, que no fueron únicamente movimientos religiosos, por ortodoxos o heréticos que fueran, porque hoy en día se tiende a clasificar también como formas de milenarismo a muchos movimientos políticos y sociales, y de matriz laica e incluso atea, que pretendían acelerar violentamente el fin de los tiempos, no para construir la Ciudad de Dios, sino una nueva Ciudad Terrena.

Libro bífido y terrible, el Apocalipsis de San Juan, junto con la secuela de Apocalipsis apócrifos a los que se asocia —apócrifos para el Canon, pero auténticos para los efectos, las pasiones, los terrores y los movimientos que han suscitado—, puede ser leído como una promesa, aunque también como el anuncio de un final, y así ha sido reescrito a cada paso, es esta espera del 2000, incluso por parte de quienes no lo han leído. No ya, pues, las siete trompetas, y el pedrisco y el mar que se convierte en sangre, y la caída de las estrellas, y las langostas que surgen con el humo del pozo del abismo» y los ejércitos de Gog y Magog, y la Bestia que surge del mar;

sino el multiplicarse de los depósitos nucleares incontrolados e incontrolables,

y las lluvias ácidas,

y los bosques del Amazonas que desaparecen,

y el agujero de ozono,

y las migraciones de hordas de desheredados que acuden a llamar, a veces con violencia, a las puertas del bienestar,

y el hambre de continentes enteros,

y nuevas e incurables pestilencias, y la destrucción interesada del suelo, y los climas que se modifican, y los glaciares que se deshielan,

y la ingeniería genética que construirá nuestros replicantes,

y, según el ecologismo místico, el necesario suicidio de la humanidad entera, que tendrá que perecer para salvar a la especie que casi ha destruido, la madre Gea a la que ha desnaturalizado y sofocado.

Estamos viviendo (aunque no sea más que en la medida desatenta a la que nos han acostumbrado los medios de comunicación de masas) nuestros propios terrores del final de los tiempos, y podríamos decir que los vivimos con el espíritu del bibamus, edarnus, cras moriemur1, al celebrar el crepúsculo de las ideologías y de la solidaridad en el torbellino de un consumismo irresponsable.

De este modo, cada uno juega con el fantasma del Apocalipsis, al tiempo que lo exorciza,

y cuanto más lo exorciza MÁS INCONSCIENTEMENTE LO TEME,

y lo proyecta en las pantallas en forma de espectáculo cruento, con la esperanza de así haberlo convertido en irreal. La fuerza de los fantasmas, sin embargo, reside precisamente en su irrealidad.

Ahora quisiera proponer la idea, algo osada, de que el concepto del fin de los tiempos es hoy más propio del mundo laico que del cristiano.

O dicho de otro modo, el mundo cristiano hace de ello objeto de meditación, pero se comporta como si lo adecuado fuera proyectarlo en una dimensión que no se mide por el calendario; el mundo laico finge ignorarlo, pero sustancialmente está obsesionado por ello. Y no se trata de una paradoja, porque no se hace más que repetir lo que ya sucedió en los primeros mil años.

No me detendré en cuestiones exegéticas que usted conoce mejor que yo, pero quisiera recordar a los lectores que la idea del fin de los tiempos surgía de uno de los pasajes más ambiguos del texto de San Juan, el capítulo 20. Éste dejaba entender el siguiente «escenario»: con la Encarnación y la Redención, Satanás fue apresado, pero después de mil años regresará, y entonces será inevitable el choque final entre las fuerzas del bien y las del mal, coronado por el regreso de Cristo y el Juicio Universal. Es innegable que San Juan habla de mil años, pero ya algunos Padres de la Iglesia habían escrito que mil años son para el Señor un día, o un día, mil años, y que por lo tanto no había que tomar las cuentas al pie de la letra; en San Agustín la lectura del fragmento adquiere un significado «espiritual». Tanto el milenio como la Ciudad de Dios no son acontecimientos históricos, sino más bien místicos, y el Armageddon no es de esta tierra; evidentemente, no se niega que la historia pueda finalizar algún día, cuando Cristo descienda para juzgar a los vivos y a los muertos, pero lo que se pone en evidencia no es el fin de los siglos, sino su proceder, dominado por la idea reguladora (no por el plazo histórico) de la parusía.

Con ello, no sólo San Agustín, sino la patrística en su conjunto, dona al mundo la idea de la Historia como trayectoria hacia delante, idea extraña para el mundo pagano. Hasta Hegel y Marx son deudores de esta idea fundamental, como lo será Teilhard de Chardin. Fue el cristianismo el que inventó la historia, y es en efecto el moderno Anticristo quien la denuncia como enfermedad. El historicismo laico, si acaso, ha entendido esta historia como infinitamente perfectible, de modo que el mañana perfeccione el hoy, siempre y sin reservas, y en el curso de la historia misma Dios se vaya haciendo a sí mismo, por así decirlo, educándose y enriqueciéndose. Pero no es ésta la forma de pensar de todo el mundo laico, que de la historia ha sabido ver las regresiones y las locuras; en cualquier caso, se da una visión de la historia originalmente cristiana cada vez que este camino se recorre bajo el signo de la Esperanza. De modo que, aun siendo capaz de juzgar la historia y sus horrores, se es fundamentalmente cristiano tanto si se comparte el optimismo trágico de Mounier, como si, siguiendo a Gramsci, se habla del pesimismo de la razón y del optimismo de la voluntad.

Considero, pues, que hay un milenarismo desesperado cada vez que el fin de los tiempos se contempla como inevitable, y cualquier esperanza cede el sitio a una celebración del fin de la historia, o a la convocatoria del retorno a una tradición intemporal o arcaica, que ningún acto de voluntad y ninguna reflexión, no digo ya racional, sino razonable, podrá jamás enriquecer. De esto surge la herejía gnóstica (también en sus formas laicas), según la cual el mundo y la historia son el fruto de un error, y sólo algunos elegidos, destruyendo ambos, podrán redimir al propio Dios; de ahí nacen las distintas formas de superhumanismo, para las que, en el miserable escenario del mundo y de la historia, sólo los adeptos a una raza o a una secta privilegiada podrán celebrar sus flamígeros holocaustos.

Sólo si se cuenta con un sentido de la dirección de la historia (incluso para quien no cree en la parusía) se pueden amar las realidades terrenas y creer —con caridad— que exista todavía lugar para la Esperanza.

¿Existe una noción de esperanza (y de propia responsabilidad en relación al mañana) que pueda ser común a creyentes y a no creyentes? ¿En qué puede basarse todavía? ¿Qué función crítica puede adoptar una reflexión sobre el fin que no implique desinterés por el futuro, sino juicio constante a los errores del pasado?

Pues de otra manera sería perfectamente admisible, incluso sin pensar en el fin, aceptar que éste se aproxima, colocarse ante el televisor (resguardados por nuestras fortificaciones electrónicas) y esperar que alguien nos divierta, mientras las cosas, entre tanto, van como van.

Y al diaVlo los que Vengan detrás.

Umberto Eco, marzo de 1995


Nan, R-eVolucionaria: “Déjate encontrar por Los Otros.”

Hola Nosce

Llevo un par de meses leyendo tu blog. Lo descubrí por… ¿casualidad? Últimamente mi vida es sincronicidad pura. Sucesos, personas, imágenes, músicas, libros, películas, números, webs, blogs, foros…Todo lo que me encuentro parece encontrarme a mí (es como si la vida me leyese el pensamiento), y todo apunta a lo mismo. ¿A qué? Aún no le he puesto nombre, tal vez no necesite ser nombrado; quizás si lo nombro, si le pongo una etiqueta, desaparezca. Así que ahí lo dejo, de momento…aunque no paro de preguntarme ¿qué está pasando?

Resueno profundamente con tu “ser y hacer” –al menos el que muestras en el blog y en el foro smart, que leo a menudo y donde te encontré también fortuitamente ¡el mismo día que descubrí tu blog!; qué cosas. Lo mismo me está sucediendo con otras personas, y siento el irrefrenable impulso de darme a conocer, de asomarme a saludar. Parece como si el tiempo de buscar estuviese dando paso al fin al tiempo de encontrar –y dejar que te encuentren-, y en eso estoy, porque sé (lo siento en el corazón) que es lo que me toca ahora.

Te quiero enseñar algo que escribí hace un tiempo, tras una curiosa experiencia que tuve mientras escuchaba esto

(podría haberme sucedido de cualquier otra forma, pero sucedió así) Para que comprendas porqué me sorprendí tanto al encontrarte…

Abro mi corazón como se abre una rosa y encuentro algo inesperado:

Un entero todo deslumbrante, pequeño y tibio -amoroso,

complaciente y feliz de volver a verme- rasgando el velo.

Anaranjadas mejillas me sonríen y entran a descubrir un mundo nuevo.

Dentro, fuera y alrededor de mí lo inundan todo, se revelan,

se dan a conocer, me acogen y acarician. Me dicen que soy yo

lo que ha de ser, y siento

que he nacido por primera vez; que lo otro no fue nada -una farsa,

un tropiezo, un estornudo leve en una tarde de verano-

Entonces sé que necesito hacer que la vida se manifieste al unísono

Sin partes

De una vez

Un día, por analogía,

partiendo de un punto encontré una recta sinuosa

que terminó siendo un círculo vibrante de luz intensa y diminuta.

Suave y potente

Breve y poderoso en su existencia como un recién nacido

Por sintonía, hallé una dimensión desconocida tras el espejo

Y esa dimensión era yo y todo cuanto amaba,

mas, no me pertenecía a mí, ni a nadie, ni a sí misma

Por resonancia, inundé mi mundo de otros mundos

en un recursivo simulacro de fractales espejos encontrados

Y la realidad dejo su hueco a la Belleza

Y todo se tornó sabio y conocedor de sí mismo

Sólo me hizo falta el ritmo, la melodía, la pausa entre las pausas

Y ese sonido armónico que aguarda entre los pliegues del silencio

a ser descubierto, a nacer al fin

lleno de amor por todo. De amor a sí mismo

Al uno que todo lo concibe y nada percibe

mientras duerme el sueño de los pobres ciegos de nacimiento,

de los estáticos intrusos de la maravilla, el milagro y el juego.

El juego, sí

El juego necesario para todo

Para el todo inconcluso todavía,

por poco tiempo

¿Qué tiempo?

El que te queda a ti para saberte

El que te falta para decir al fin:

Soy el pulso y la vibración, soy el ritmo resonante.

El eco de mi silencio creyendo ser mi voz,

El resplandor de mi sombra creyendo ser mi luz. Y a la vez,

La luz, la voz, el resplandor, el silencio, la sombra, el eco

Y entonces no harán falta más palabras,

pues tú serás la palabra

Ni tampoco melodías,

porque en tu corazón descubrirás anidada

la canción continua

Vuelo de vuelos

Verdad sin nombres que no es verdad

por no poder ser nombrada

Que no es nada

No busques: encuentra

Vive

Vibra

Fluye

Sintoniza

Resuena

Sé juego, ritmo, sincronía y belleza

No hay más

Lo demás sobra

No hay camino

No hay vida fuera de la Vida

Te amo a ti , por eso te hablo

aunque no sé quién eres ni me importa

Estaré loca ¡Qué más da!

La locura descifra las aguas del misterio

Yo sólo quiero quedarme con la música

Esa música que me recuerda a no sé qué

A algún lugar en el que ya he estado

Sola y viva en toda mi potencia cual universo

de universos enlazados, aterciopelados,

a veces magistrales, otras asustados.

No sé lo que me digo ni me importa

Nunca lo supe, de hecho.

Las palabras no me sirven para saberme,

pero tras ellas, está el flujo de lo perenne

Estoy viva

Estoy viva

Estoy viva

¿Alguien se da cuenta de esto?

No, vosotros no podéis: sois mi reflejo

Y yo, del mismo modo, soy el vuestro

Tan sólo en el lugar común de la Belleza

tal vez nos encontremos

Entonces lo veo:

Estoy sola

Estoy sola

Estoy sola

Todo lo que soy, lo que me rodea,

lo que percibo, pienso y siento

lo he creado yo:

Los árboles, las nubes, la música, las vías de los trenes,

las avenidas y las callejuelas, los ríos, los montes,

las veredas. El ruido de la ciudad, el ajetreo, la paz.

Las palabras no dichas, las dichas, las desdichas.

Las bandadas de aves migratorias, las ventanas,

los desvanes. Las sirenas de las fábricas y de los mares.

Las flores, los cuchillos, las bombas, los amigos.

Tus ojos como otros, los míos como propios,

tus ojos como míos, los míos como otros….

¡Ay!, cuando era niña

lo sabía, lo supe un tiempo

fugaz, eterno. Luego lo olvidé

Ahora me vuelve con ecos antiguos

Y siento que esta obra de amor, si es mía -si soy yo-,

debe florecer hasta el todo absoluto

haciéndose consciente de sí misma:

¡Si yo soy el universo que venga el universo y lo vea

Y si no, que lo demuestre quien sea!

¡Se acabó!

¡Despiértate!

Reconócete en cada átomo y cada galaxia

Mírate a ti mismo de una vez

directamente

Celebra tu reencuentro

¿No ves que eres el mismísimo universo disfrazado de ignorancia?

Despójate de las máscaras y el disfraz

Si, escúchame, tú que lees esto:

No hay en el mundo nada más que tú

Lo demás es miedo; lo demás no es nada

Todo lo que ves eres tú

Y lo que no ves

Lo que tienes

Y lo que te contiene

Hágase pues, tu voluntad

Derrámate limpio por las aceras, calle arriba y calle abajo

Espárcete por el mundo, fecundándolo con tu sabor perfecto

Extiende tu Corazón, tu Rosa, tu Estrella:

Lo que eres

Asume tu ser

y retira la escalera

Jamás olvidaste las reglas del juego liberador,

de la canción continua -aunque simulaste

jugar al olvido por un tiempo-

Juega, pues, ahora a recordar lo único que es:

A recordar que eres,

o no lo hagas si no quieres

Nada cambiará tanto si lo haces como si no

Sin embargo, cuando tomes la decisión

comprenderás que la decisión ya había sido tomada

desde siempre y para siempre

Sí, era eso, eso era, sí…

Mi corazón lo sabe:

Soy el ritmo, la vibración

El abrirse y el cerrarse

El resonar de la música callada

Mi corazón sigue sabiendo:

No necesito nada, todo está bien como está

Tan sólo estallar en vida por medio de la danza total

Y entonces, cualquier medianoche de cualquier mediodía

te miraré, me mirarás, y ambos,

todos, seremos el observador y lo observado

a un tiempo, un mismo tiempo imaginario,

metafórico y lírico, de entretejidos hilos

de cristal y esféricos espejos

No desgarres el velo todavía si no quieres

o hazlo de una vez

Ten prisa o no la tengas

Es igual

Roza tu piel con otras cosas mientras tanto,

pero roza tu piel

Al final, como al principio, todo llega

No te preocupes, ocúpate sin miedo

Volar no es suficiente

Sé las alas

El vuelo

El cielo

Sé todo lo contrario si te place

Siempre y en cada momento

Y sonríe: porque en todo lo que ves, te estás mirando

Bienvenido seas a la Vida

Bienvenido seas al Ser,

espejo compañero

————————————————————————–

IO8OI

Un saludo, Nosce!!!

Nan

Nan, de corazón: gracias.

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Tarot Evolutivo de Marsella: una ACTITUD.

Tarot Evolutivo de Marsella: una actitud.

Esto también me parece importante resaltarlo: en última instancia, los dueños y responsables últimos de nuestras tomas de decisiones somos nosotros. El tarot se puede utilizar para tratar de analizar, valorar y comprender un espaciotiempo particular para un Estado de Con[s]ciencia concreto, pero sería increíblemente insensato justificar una acción porque lo dice el tarot.

He comprobado en numerosas ocasiones el cachondísimo sentido del humor con que me responde en algunas tiradas. Si me vacila, le vacilo. Si se ríe conmigo, me río con él. Si en ocasiones él juega a no tomarse demasiado en serio lo que le pregunto, yo también juego con él a no tomarme demasiado en serio lo que me responde. Me río conmigo, me río de mí, me río para mí, me río porque mí.

Con cada tirada aprendo algo nuevo. Cierto es que acabo de empezar, pero estoy seguro de que así seguirá siendo con el paso del tiempo. En esta tirada en concreto, es la primera vez que se disecciona la frase en dos instancias, marcando más si cabe el sentido de la lectura.

Así como cada uno vivimos/percibimos una parte del fractal Realidad con un determinado Estado de Con[s]ciencia, las reglas del juego las ponemos nosotros. En el tarot, como en la Vida, decidir qué reglas aceptas también es decidir qué reglas impones. Si cada uno podemos escoger nuestro grado de LIBERTAD -y sí, que esto es así-, cada uno podemos escoger nuestro grado de esclavitud. En MIS reglas del juego, no es necesario que para que funcione el consultante se encuentre físicamente presente, como no es necesario que baraje las cartas, como no es necesario que inicie él la pregunta voluntariamente, como no es necesario que “crea” en el tarot, como da absolutamente igual que lo “desprecie”.

Mi axioma es el siguiente: el tarot funciona (=goza de una Semántica) SIEMPRE.

Ya hemos hablado en otras ocasiones de la importantísima relevancia que tienen nuestras creencias como forjadoras de la Realidad.

Esa es la indemostrable creencia que arbitraria y libremente decido adoptar en el Sistema Tarot. Visualizo la Realidad como una gigantesca red de Sistemas interrelacionados. El Sistema Tarot, quizás y sólo quizás sea EL Sistema, TODOS los Sistemas. ¿Estaría el I-Ching incluido dentro del Tarot?: no menos de lo que lo estaría el Tarot dentro del I-Ching.

Tal y como dices en otro hilo,

Ariadna escribio:
Luego están las líneas entrecruzadas de lo simultáneo. Eso hace que las distancias no existan para seres que están interconectados. El otro día pusieron un programa de tortugas marinas que explicaba este fenómeno.

Esas líneas existen y son reales. Yo las he visto/percibido/experimentado, científicamente, sí:

AKASHA, Ākāśa, आकाश.

Somos lo que Percibimos. Percibimos lo que Somos. La Vida es Sueño, sí, Y el Sueño es la Vida.

En mi opinión/percepción, no existen seres interconectados y seres que no. TODOS estamos interconectados. TODO está interconectado a TODO. Por eso, durante una consulta del tarot, accediendo a esa gigantesca RED de INFORMACIÓN-ENERGÍA-MATERIA, se accede a ese mismo TODO, eterno e inmutable según Parménides, continuo devenir según Heráclito, intuición/razón y ambos estaban en lo cierto. Cuantos vimos y atrapamos, tantos dejamos; cuantos ni vimos ni atrapamos, tantos llevamos.

Partiendo de ese axioma, no existen unas buenas lecturas de tarot, como no existen unas malas. Cada lectura ES la que ES. Si se quiere, se acepta, si no, se desecha. Y tan ricamente, claro.

Como tampoco entiendo eso de no ver una lectura o un consultante. Si tú juegas a que la última carta que ha quedado en el mazo aclara la frase formada, es tu forma de jugar y yo no tengo nada que decir al respecto. En mi opinión, pensar que hay una forma correcta o incorrecta de leer las cartas me parece una visión un tanto/mucho simplista/reduccionista. Esta es una de las reflexiones más interesantes que tuvimos Ganesh y yo. Me parece importantísimo comprender que el Tarot, como el agua, sigue el camino de menor resistencia, se adapta a ti si TÚ le dejas, fluye contigo, no es nada rígido ni estático o es tan rígido y estático como TÚ decidas ser. Puedo sacar tres cartas y leerlas de izquierda a derecha, pero en la siguiente tirada, si me da la gana, puedo escoger hacer la lectura de derecha a izquierda y el tarot lo comprende y juega contigo adoptando esa regla.

De hecho, partiendo de que concibo nuestro modo de Ser/Estar en el mundo como el de los animales semióticos que somos, reitero que cada tirada, necesariamente goza de tantas interpretaciones como Estados de Con[s]ciencia seamos capaces de acceder. En otras palabras, podemos percibir la Realidad desde infinitos puntos de vista.

Una escala de Con[s]ciencia, una realidad.
Otra escala de Con[s]ciencia, otra realidad.

Un Todo fractal, una Realidad.
A una escala, una Parte fractal.
A otra escala, otra Parte fractal.
Una Parte fractal constituye un Todo fractal.
Mismo Todo fractal, misma escala, a una resolución, una realidad
Mismo Todo fractal, misma escala, a otra resolución, otra realidad

Voluntad: potencia volitiva atributo de cada dimensión (resolución/escala) de Con[s]ciencia.

¿Significa eso que cabrían entonces interpretaciones contradictorias para una misma tirada? En mi opinión, siempre y cuando nos atengamos a la morfosintaxis de las mutantes reglas del juego que hemos escogido libremente, . Salvo que no serían contradictorias, sino complementarias. En mi opinión, sería extremadamente inocente y raciológico pensar en términos de “contradicción”.

Mira qué simpático el escudo heráldico que se hizo el físico, colega de Einstein y Premio Nobel Niels Böhr.


Contraria sunt complementa.

Así como lo opuesto de un hecho puede ser una mentira, lo opuesto de una Verdad puede ser otra Verdad.
Niels Böhr.

La Esencia del tarot, al menos tal y como lo concibo yo, no entiende de bien/mal, correcto/incorrecto, acertado/desacertado. Tampoco entiendo eso de una lectura “distorsionada”. Para mí, y sólo para mí, cada lectura tiene perfecto sentido en sí misma.

En fotografía hay un ejercicio que he comprobado ser extremadamente interesante para desarrollar la visión fotográfica. Consiste en encerrarse en un entorno limitado, aparentemente monótono, sin ninguna belleza evidente. Una habitación, un cuarto de baño, un almacén. Entonces, forzarse a tirar 50 fotos. Pero no vale con 50 fotos cualquiera, tienen que ser 50 fotos bellas. Si lo haces en con[s]ciencia, puedes tardar perfectamente dos, tres horas en ello, tratando el siguiente enmarque como si se tratara de una meditación Zen.

Con el tarot yo hago lo mismo. Con cada tirada, antes de realizarla, me comprometo conmigo mismo a no abandonar la tirada ni dejarla a medias sin haber percibido una semántica en la lectura. He comprobado que es una forma espectacular de desarrollar esa visión intuitiva.

Si no leo el tarot en un momento dado no es porque “no me encuentre conectado” sino porque libremente he escogido que mi compromiso personal con cada lectura es conectarme. Por eso me gusta contar con el tiempo suficiente. También considero un ejercicio de mantenimiento el hacer, al menos todos los días, una lectura. Puede ser algo muy simple, como sacar una sóla carta y meditar sobre algún detalle de ella, como por ejemplo, las huellas del manto de La Justicia. Pero considero importante mantener una cierta disciplina en realizar todos los días al menos una lectura. Evidentemente, también me tengo dado el permiso para no realizar lectura alguna durante una semanita si es lo que así me place.

Por otra parte, encuentro también increíblemente productivo el obligarme a extraer una frase breve para cada lectura. Creo desde lo más profundo que la Esencia del Conocimiento es la capacidad de Disolver y Coagular de los brazos del Baphomet de Eliphas Levi.

Si soy capaz de sintetizar, coagular tras haber disuelto, para componer una -o varias- sencilla frase, entonces sé que he captado el sentido mejor que en diez líneas de divagaciones o addendums. Las más sublimes y Universales Esencias vienen en frascos pequeños:

Tat Tvam Asi. Atman es Brahman. En Arjé en o Logos

Para mí, y sólo para mí, y hasta el día de hoy -no sé (ni me importa) qué ocurrirá mañana-, no he percibido mayor semántica e INFORMACIÓN que la contenida en mi muy particular egomemíconmigomío Sé y Haz.

En cuanto a que la persona se encuentre presente, lo considero irrelevante. Basta con que esté presente ahí en mi Estado de Con[s]ciencia. De hecho, en ocasiones me conecto a algún chat para hacer ejercicio de lectura a personas de quienes no sé absolutamente nada, como quien hace footing, vamos. Cool Esas suelen ser muchas de las más significativas lecturas que he hecho hasta el momento. Lo que sí que sé es que no me podría tirar 8 horas haciendo lecturas como si fuera un trabajo. Uf. Imposible.


El tarot es algo muy serio: no se puede jugar con él. Como no se puede jugar con la ouija. Hay que tener el corazón limpio y el campo energético muy fluido.

Nah. El tarot es algo muy cachondo: se debe jugar con él. Ni su correcta lectura es algo reservado exclusivamente para las élites espirituales. ¡Tuuuuuuururú! :P Expuesto así es una jodida forma de CONTROL más por parte de quien proyecta en los demás aquello de lo que carece: auténtica humildad y HONESTIDAD para consigo mismo.

Lo que no se puede jugar es a tomarse muy en serio a uno mismo o a su taimada limpieza de corazón: quien no es capaz de ver la Sombra, no puede ver la Luz.






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